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José Luis Aulet Barros es conocido no sólo por su, en ocasiones, mediática actividad profesional como juez durante años en Galicia y en la actualidad como magistrado en Madrid, sino que también es sobresaliente su actividad como hombre de letras, aficionado a las artes y buen ensayista sobre temas de miscelánea en torno a los hitos de la cultura de occidente.
Su familia paterna procede de orígenes catalanes y navarros, y su padre nació en ­Tudela que es de donde era oriunda su abuela. Se trasladaron a Galicia porque el bisabuelo de José Luis, que era ingeniero, empezó la electrificación del norte de esta región. Entabló contacto en Galicia y aquí se estableció. Tenía dos hijos, uno que siguió con la electrificación y el otro que, es a la sazón, el abuelo de José Luis, que era­ joyero y relojero y que se instaló con su familia en Ferrol. Este era Benito Aulet Carcar.
El padre de José Luis se llamaba Arturo Aulet Ezcurra y trabajó siempre en Ferrol como ­relojero joyero, con establecimiento abierto al público en una de las céntricas calles ­comerciales de la ciudad.
Su apellido materno, Barros es de ascendencia portuguesa. Su madre se llamaba Luz Barros Gómez, nació en Franza, en la banda de la ría cercana al municipio de Mugardos.
Arturo y Luz, los progenitores de los Aulet Barros, tuvieron tres hijos. José Luis, que nos hace de anfitrión en este paseo por su familia es el del medio, y el mayor se llama Arturo. El pequeño se llama Pancho. En la familia hay tres nietos, del matrimonio del hermano mayor. La pareja de Arturo se llama María Jesús y Katy es la pareja del pequeño.
José Luis estudió con sus hermanos en el colegio Tirso de Molina de Ferrol, donde cursaron sus estudios muchos marinos de guerra y otras destacadas personalidades de la ciudad del Arsenal. Luego se hizo marino mercante y se embarcó muy pronto, a los diecinueve años ya estaba navegando. Por ciertos avatares de la vida, en concreto por una ocasión en la que coincidió con un catedrático de derecho romano en un avión y con quien entabló una conversación sobre una materia que ya le ­rondaba la cabeza y que era estudiar la carrera, se matriculó en la ­Universidad de Santiago para obtener la licenciatura en derecho. Explica que fue una época compleja pues estudiaba durante el curso y en los veranos se embarcaba para seguir con su trabajo como marino.
Recuerda el Santiago de la época como en los estertores del Troyanismo, con grandes personajes como el catedrático de historia Alfonso Otero, decano en la época. De él cuenta una anécdota que en una ocasión fue José Luis con unos compañeros a pedirle un apoyo de dinero para una actividad social de los estudiantes y el decano, les hizo seguirlo a una sala en la que había un gran sillón orejero, en algún momento de cuero brillante con grandes remaches de capitoné que sostenía su cuarta esquina sobre un palo de escoba. Indicando el sofá, profirió el profesor Otero “¿piensan ustedes qué si tuviera dinero para sus actividades tendría este sofá en este estado ruinoso?
Tras licenciarse en derecho, pensó José Luis en especializarse en derecho internacional en Madrid, pues José Luis es un hombre cosmopolita, que habla idiomas y conoce bien la vida internacional y más adelante conocería bien el derecho procesal comparado. De nuevo por ciertos avatares se vio en la tesitura de optar por el derecho internacional o por una oposición. Y tirando por los segundo se hizo juez de distrito y tres años más tarde obtuvo plaza de los tribunales en la carrera judicial.
Gran parte de su actividad profesional transcurrió en Ferrol, donde estaba al cargo del juzgado de instrucción. Siéndole de su jurisdicción diversos mediáticos procesos, que él resolvió en las más de las veces haciendo interpretación socializante y humana de la ley para acercar la solución legal a la necesidad real. Esta forma de hacer, tiene mucho que ver con su concepción de la judicatura y con su propia formación de especialidad, pues pasando los años a lo largo de su carrera judicial, pudo hacer una tesis sobre la posición del juez en el derecho comparado.
La tesis defendida en A Coruña tuvo una fase de documentación y formación en Cambridge en el Reino Unido. De esta experiencia y de la propia formación ilustrada de José Luis Aulet, se deriva su impecablemente humana, y en ocasiones polémica actividad, como empleado de la administración de justicia. Su carrera tomó un giro hace un lustro y se trasladó a Madrid, ­donde se ocupa como Magistrado en la sala de lo Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
A parte de toda una vida dedicada a la carrera judicial, José Luis colaboró en prensa escrita y es autor de diversas monografías sobre temas relacionados con el arte y la cultura, cuyas temáticas cubren un abanico tan ­amplio como las boticas en Galicia, las colecciones de la capitanía de Ferrol o el volumen de inminente aparición sobre la Guerra de la Independencia.
Además es un infatigable espoleador de las asociaciones civiles y fundaciones dedicadas a las ayudas para la mejora social y prevención de males del mundo contemporáneo en la época de la desindustrialización como las drogas y la marginalidad.

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